Un poco de teoría

saltygrease

El montón de compost es un sistema natural en sí mismo, formado por multitud de organismos relacionados entre sí, es una especie de red trófica: los organismos se alimentan de los restos que depositamos así como los unos de los otros. La materia orgánica empieza a ser descompuesta por bacterias y hongos, que a su vez sirven de alimento a protozoos y ascáridos a la actividad de los cuales se suman desde las cochinillas, ciempiés, multitud de insectos y sus larvas hasta diversas variedades de lombrices de tierra.

Si les garantizamos unas buenas condiciones de vida, los organismos compostadores descompondrán y transformarán de manera continua la materia orgánica que añadamos. Esto depende básicamente de tres factores:

  • de la calidad y características de la materia orgánica que añadamos
  • de la presencia de aire a disposición de los organismos
  • de la humedad del montón

La composición de los restos orgánicos a compostar

Podemos distinguir entre dos tipos de material orgánico:

  • material rico en hidratos de carbono (material estructural o marrón)
  • material rico en proteinas – en nitrógeno (material verde o pobre en estructura)

Para poder transformar todos los restos orgánicos en compost, los organimos compostadores necesitan materiales de los dos grupos, pero en una proporción equilibrada: la denominada relación carbono/nitrógeno o cociente C/N. En la mezcla final de restos orgánicos la relación ha de mantenerse en un cociente 20-40:1 (aprox 30:1).

De forma orientativa se puede decir que:

  • restos de cocina y poda de hierba: C/N aprox. 15:1
  • restos de jardín: ramitas, hojarasca: C/N aprox. 80:1

Por lo tanto, con una mezcla de 3 a 1 obtenemos aproximadamente la relación ideal de 30:1

La norma general: cuanto más variada sea la mezcla de restos orgánicos, mejor.

El aireamiento del compost (condiciones aeróbicas)

El oxígeno es imprescindible para la actividad de los organismos compostadores. Por este motivo es necesario que el material se deposite de manera que quede esponjoso (no comprimido) añadiendo además material estructural (ramitas troceadas) que mantenga esta estructura esponjosa.

De la misma manera es importante en el momento de colocar el montón o disponer el compostero, hacerlo de manera que se permita una circulación de aire que atraviese el  montón de abajo hacia arriba. La misma actividad descomponedora genera calor, que actúa como motor provocando una corriente ascendente de aire dentro del montón.

El volteo (cada 6-12 semanas) del montón también es una buena medida para garantizar las buenas condiciones del proceso. De hecho, si medimos la temperatura interior después del volteo, se observa un nuevo incremento de la temperatura debido a que, al reintroducir oxígeno, los organismos descomponedores reactivan su capacidad metabólica.

La humedad del montón

El montón de material o el contenido del compostero tiene que ofrecer unas condiciones de humedad adecuadas para los organismos que participan en el proceso: entre un 40 y 60% de contenido en agua.

Con una mezcla adecuada de restos de cocina y jardín (3:1) se consiguen habitualmente también las condiciones de humedad necesarias. En cualquier caso hay que vigilar en períodos especialmente cálidos o en momentos de lluvias intensas.

Test de humedad: se coge un puñado de material en compostaje y se exprime con fuerza con la mano:

  • demasiado húmedo: chorrea agua
  • demasiado seco: no gotea nada y cuando abrimos la mano el material se desmenuza
  • humedad correcta: cae alguna gota de agua y cuando abrimos la mano el material se mantiene compacto.
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