
Hay electrodomésticos que acaban siendo imprescindibles. Rápidamente adaptamos nuestra forma de vida a su existencia y su carencia momentánea, por avería por ejemplo, causa un tremendo desajuste en nuestras organizadas – y dependientes- existencias.
Disgusto, frustración, impotencia, desasosiego, vacío… no son sentimientos exagerados cuando se estropea la lavadora – sobre todo si hay niños pequeños o personas mayores-, el frigorífico, el microondas, el aire acondicionado, ¡la televisión!
Sabemos que el frigorífico es de largo el mayor consumidor / despilfarrador de energía de la cocina moderna, y eso que los frigoríficos de hoy consumen dos terceras partes de lo que consumían los que se vendían a mediados de los setenta. Dato destacable por sí mismo y sorprendente si consideramos que el tamaño de los frigoríficos ha aumentado enormemente en este tiempo y que además se han ido añadiendo otros accesorios como filtro de agua, pantalla de información, dispensador de cubitos de hielo, etc.
Y sin embargo, parece que aún hay margen para lograr una mayor eficiencia.
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