En el desierto africano hay mucho sol. Eso lo sabe todo el mundo (y para los que no le sepan, permitan que les diga que esto es cierto). Parece intuitivo pensar que se trata del sitio ideal para recolectar energía solar, de hecho, los primeros planes datan de 1913 (concebidos por el ingeniero americano Frank Shuman), planes que fueron retomados posteriormente en 1986 por el físico de partículas alemán Gerhard Knies.
Tanto Shuman como Knies estaban convencidos de la necesidad de la energía solar del desierto; Shuman creía que la humanidad nunca superaría la etapa de barbarie sin ella, y Knies pensaba que es la única manera de abandonar los sucios y peligrosos combustibles fósiles. Knies iba más lejos al decir que el desierto recibía en unas pocas horas suficiente energía para abastecer al mundo durante todo un año.










En lugar de la quema de gas como una caldera de condensación, esta nueva máquina inyecta el gas a través de una pila de combustible en un proceso químico que genera calor y electricidad al mismo tiempo.