Nobel a la fluorescencia

Aequorea victoria

El Nobel de Química 2008 ha sido concedido a tres científicos por sus trabajos con una proteína presente en algunas medusas que han revolucionado la biología y la medicina. El premio reconoce a Osama Shimomura, del Laboratorio de Biología Marina en Woods Hole, MA; Martin Chalfie de la Universidad de Columbia, Nueva York y Roger Y. Tsien, de la Universidad de Californa, en San Diego, por su trabajo sobre la proteína de la fluorescencia verde (GFP)

Gracias a esta molécula se han hecho visibles al microscopio mecanismos moleculares de las células, enriqueciendo el conocimiento de los biologos de procesos biológicos fundamentales. La Fundación Nobel en su anuncio, describe GFP como

“Una de las más importantes herramientas usadas en la biociencia contemporánea, con la ayuda de la cual los investigadores han desarrollado caminos para ver procesos previamente invisibles, como el desarrollo de las células nerviosas en el cerebro o la expansión de las células cancerosas.” Sigue leyendo

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Biomimética. Diseños inspirados en la naturaleza.

aleta de la ballena jorobada

El biomecánico Frank Fish ha construído para la empresa canadiense WhalePower Corp unas aspas para molinos eólicos inspirándose en las aletas pectorales de las ballenas jorobadas (o yubarta).

Las ballenas jorobadas se encuentran entre los animales más grandes del planeta y, sin embargo, son sorprendentemente ágiles. El secreto reside en la capacidad de maniobra que les permiten las protuberancias, llamadas tubérculos, que se encuentra en sus aletas pectorales. Aletas que pueden alcanzar hasta un tercio de la longitud de la ballena.

El diseño se está probando en el Instituto de Energía Eólica de Canadá (WEICan).

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Los ojos de las polillas pueden hacer más eficientes los paneles solares

Ojo de Polilla

Peng Jiang, profesor de ingeniería química de la Universidad de Florida se está inspirando en los ojos de las polillas y en las alas de las cigarras para crear un recubrimiento antirreflectante y repelente al agua, que promete mejorar la eficiencia de los paneles solares y aumentar su capacidad de autolimpieza.

El recubrimiento transparente tiene un amplio campo de aplicación que va desde los vidrios de las gafas a los de los automóviles y las viviendas.

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Diatomeas para la industria

diatomeas

Las diatomeas constituyen un grupo de algas unicelulares muy abundantes en el océano abierto, donde representan un importante eslabón en la cadena alimentaria, pero también están presentes en el agua dulce e incluso en suelos húmedos. Aunque normalmente son microscópicas algunas pueden alcanzar hasta 2mm. Poseen un juego de pigmentos fotosintéticos que incluye clorofila, carotenoides y fucoxantina, y almacena sus reservas en forma de carbohidratos y aceites, lo que contribuye a su flotabilidad. Las diatomeas tienen una concha de sílice, llamada frútulo, con una gran cantidad de diminutos agujeros en su estructura que causan múltiples reflexiones de la luz que a causa de las interferencias muestran una increíble gama de colores dependiendo de su orientación.

Científicos británicos han encontrado una forma efectiva de controlar las condiciones de crecimiento en laboratorio como paso previo a su implantación a escala industrial. Las conchas cosechadas pueden mezclarse con colores, cosméticos y ropas, o incorporarse a polímeros para producir hologramas de difícil falsificación.
estructura diatomea
La producción actual de pequeños reflectores artificiales requiere una gran cantidad de energía, altas temperaturas y presiones industriales. Cultivando conchas de diatomea, llegamos al mismo producto a temperatura y presión ambiente, reduciendo enormemente la energía necesaria y las emisiones de dióxido de carbono. El proceso, además, es extremadamente rápido en las condiciones adecuadas, pues una diatomea puede producir 100 millones de descendientes en un mes.

Este es el avance conseguido por científicos del Museo de Historia Natural y de la Universidad de Oxford, con fondos del Consejo de Investigación de Ingenirería y Ciencias Físicas (Engineering and Physical Sciences Research Council, EPSRC) en un proyecto que engloba a expertos en biología, química, física, ingeniería y materiales.

El Profesor Andrew Parker, que dirige la investigación, afirma que se trata de un proceso barato y ecológico, ya que las conchas son biodegradables. Destaca su simplicidad y economía, dejando a la naturaleza el trabajo duro, y los beneficios para el medio ambiente, porque el fitoplancton “consume” CO2, evitando el calentamiento global. Además este hallazgo podría estimular a la industria para la investigación de otros productos naturales similares.

“Las cualidades iridiscentes de las diatomeas puede que tengan que ver con un intento por mejorar la captación de luz solar para la fotosíntesis; aunque también puede estar relacionado con la necesidad de asegurarse contra una insolación excesiva. Cualquiera que sea la causa, explotar las increíbles propiedades de estas diminutas conchas puede tener un enorme impacto en la industria. Podrían incorporarse en la fabricación de pinturas que proporcionaran una superficie repelente al agua y fueran incluso autolimpiables”

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