Conocer inmediatamente que se ha producido una fuga de agua o recibir una alerta sobre un consumo inusual de la misma es un tema que preocupa, cada vez más, a las empresas distribuidoras. Los sensores inteligentes y los dispositivos de monitorización pueden hacer aquí un buen papel.
Alimentar esos dispositivos requiere electricidad, y dada su remoto emplazamiento, las baterías se convierten en imprescindibles. El problema es que suelen durar 2 años como mucho, y reemplazarlas supone un coste importante, además de los inconvenientes derivados de los cortes temporales de suministro.









