Los edificios y los árboles frenan la velocidad del aire, lo que supone un inconveniente para todo aquél que esté dispuesto a cosechar la energía del viento. Hasta la fecha, la solución pasa por instalar los aerogeneradores sobre torres cada vez más altas, una empresa costosa con implicaciones ambientales.
Ben Glass y Adam Rein, de Altaeros Energies, han creado un aerogenerador que puede permanecer mucho tiempo volando en el cielo, donde no suponen un peligro para las aves y la fuerza del viento es más consistente.









