
La semana pasada, Naciones Unidas hizo una llamada a la industria aeronáutica para que estableciera una política global de reducción de emisión de gases de efecto invernadero, intentando evitar un rosario de regulaciones regionales, más costosas a la larga. La industria propuso dos metas: detener las emisiones para el 2020 y que para el 2050 se redujeran un 50% con respecto a los niveles de 2005.
Estas metas, mucho menos restrictivas que las del 80% de reducción propuestas por el resto de la economía mundial, pueden resultar demasiado ambiciosas. Y es así porque se trata de una industria que, aunque disponga de la tecnología suficiente para reducir significativamente las emisiones, es muy reacia a asumir costes y riesgos de innovaciones radicales y suele tardar décadas en reemplazar viejas aeronaves.
Por otra parte, las nuevas tecnologías puede que no sean suficientes en una industria en constante crecimiento. La industria en general reduce cada año su consumo de combustible entre un 1,5-2% gracias a mejoras en la eficiencia. Pero cada año la gente vuela más, con un recimiento anual del 4-5%, muy por encima del ahorro proporcionado por la mejora en dicha eficiencia. Sigue leyendo →