Aunque pueda parecer un pequeño porcentaje de las emisiones mundiales totales originadas por actividades humanas (5,5 gigatoneladas en 2009), los equinodermos, estrellas de mar, erizos y crinoideos son importantes depósitos de CO2, concretamente cien millones de toneladas.
Aunque sea menor que las absorciones del plancton, no deja de ser una cantidad significativa. En el caso concreto del plancton, su consumo es, según las fuentes, de entre 0,4 y 1,8 gigatoneladas, una cantidad nada despreciable.
Hasta ahora los estudios se habían centrado en el plancton y otros organismos que flotan a la deriva y almacenan el CO2 atmosférico en forma de carbonato cálcico que, al morir, se deposita en los fondos marinos.
Mario Lebrato, de la Universidad de Southampton, ahora en el Instituto Leibniz de Ciencia marina en Alemania, se fijó en los equinodermos. Su cuerpo está constituido por carbonato cálcido en un 80%, elaborado a partir de la captación de CO2, y al igual que el plancton su ciclo se completa al morir depositándose sus restos en el fondo. ¿Pero cuál era su contribución total? ¿Sería realmente significativa?
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