Estrellas y erizos de mar, indicadores de la contaminación marina

Caparazón calcáreo de Psammechinus miliaris

Caparazón calcáreo de Psammechinus miliaris

Aunque pueda parecer un pequeño porcentaje de las emisiones mundiales totales originadas por actividades humanas (5,5 gigatoneladas en 2009), los equinodermos, estrellas de mar, erizos y crinoideos son importantes depósitos de CO2, concretamente cien millones de toneladas.

Ophiopteris antipodum Haeckel: Ophioidea (Kunstformen der Natur (1904)

Aunque sea menor que las absorciones del plancton, no deja de ser una cantidad significativa. En el caso concreto del plancton, su consumo es, según las fuentes, de entre 0,4 y 1,8 gigatoneladas, una cantidad nada despreciable.

Hasta ahora los estudios se habían centrado en el plancton y otros organismos que flotan a la deriva y almacenan el CO2 atmosférico en forma de carbonato cálcico que, al morir, se deposita en los fondos marinos.

Mario Lebrato, de la Universidad de Southampton, ahora en el Instituto Leibniz de Ciencia marina en Alemania, se fijó en los equinodermos. Su cuerpo está constituido por carbonato cálcido en un 80%, elaborado a partir de la captación de CO2, y al igual que el plancton su ciclo se completa al morir depositándose sus restos en el fondo. ¿Pero cuál era su contribución total? ¿Sería realmente significativa?
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‘A Sea Change’ denuncia la acidificación de los mares

Medusa

El CO2 forma ácido carbónico cuando se combina con agua en la atmósfera. Este ácido precipita principalmente en los mares debido a que ocupan el 70% de la superficie de la Tierra. El ácido carbónico provoca una disminución en el pH y por tanto aumenta la acidificación de los océanos.

Entre el 1700, sociedad preindustrial en la que pH marino era de 8,179, y el año 1994, el pH ha descendido 0,075 puntos, y con los niveles de emisión actuales para el 2100 se prevé el descenso hasta 7,824, muy lejos del carácter alcalino del que dependen corales, foraminíferos, equinodermos, crustáceos, moluscos… para fabricar sus estructuras esqueléticas.

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Malas noticias para los cangrejos…

moluscos_marinos

En el ciclo natural del carbón, la concentración de CO2 está en permanente flujo entre los océanos, la biosfera terrestre y la atmósfera. Las actividades humanas, agrícolas, quema de combustibles fósiles, o la producción de cemento, aumentan el CO2 atmosférico, parte del cual se mantiene en la atmósfera, otra parte será absorbida por las plantas terrestres y otra por los océanos.

Están en marcha muchos proyectos que se basan en esta capacidad del mar para luchar por disminuir los niveles de CO2 atmósfericos e incluso para la obtención de biocarburantes, y, como siempre, empezamos a darnos cuenta de que existe una interrelación entre ámbitos imprevistos hace pocas décadas, y que acciones a gran escala afectan a gigantescos equilibrios de muy difícil recuperación y de consecuencias magníficas. Sigue leyendo