EEUU, un mal ejemplo de generación de basura

A lo largo de su vida, un estadounidense tira una media de 45.000 kilos de basura de las que sólo se recicla el 10%.

Era admirable y sorprendente, y al principio nos sentimos orgullosos. Ya no había que ir a la compra cargado de recipientes: la bolsa del pan, la lechera, la huevera, la botella de aceite, el casco del refresco o el del yogur, la botella para el vino, los cascos de la gaseosa o del sifón… Los envases iban y venían y como mucho se intercambiaban, y no había más envoltorios que los del papel necesario para cubrir la mercancía que no podía depositarse directamente en la bolsa de la compra, papel que, una vez en casa, se reutilizaba. Y si había perro, no se tiraban ni las sobras.

Ropa de diario y ropa de los domingos, y sólo cuando era necesario, ropa nueva empujaba el ciclo: la del domingo pasaba a diario y la de diario que estaba en mejores condiciones se daba y la otra era para trapos, para limpieza, para remiendos, para pañales.

Esa cultura, que no tiene porqué deberse sólo a la escasez, fue aplastada por la del despilfarro feroz. El consumo desmedido como motor único de la economía.

Todo lo que no se deposita en un contenedor de reciclaje, acaba en el vertedero conformando los más de 250 millones de toneladas de residuos domésticos generadas por los estadounidenses.

Aunque la separación de basuras en origen ha aumentado considerablemente, en la planta hay que seguir haciendo la separación y clasificación final de forma manual. Tan solo la mitad del proceso se encuentra mecanizado.

Cuando ahora compras galletas, el dependiente del ultramarinos ya no te hace un cucurucho de papel con las que vas a comer en los próximos días. Ahora cada dos o tres galletas forman un paquete envuelto en plástico -de difícil reciclaje-, y unas cuantos de esos paquetes conforman otra unidad con su correspondiente envoltorio plástico -de difícil reciclaje- que se presentan en una caja de cartón impresa a varias tintas – pocas veces producto de reciclaje y menos en el camino de serlo-, y si el gran supermercado está necesitado de renovar existencias, reunirá dos o tres cajas de esas en un nuevo paquete plástico haciéndonos irresistibles ofertas para su adquisición. Y si esto ocurre, guardamos las cajas en bolsas de plástico -de costoso reciclaje- para llevarlas hasta el coche y de ahí a casa… Todo ello sin tener en cuenta los otros embalajes -de costoso reciclaje- que han sido necesarios desde su producción hasta el estante del comercio.

Los estadounidenses arrojan a la basura dos millones y medio de botellas de plástico por hora.

El reciclaje de plásticos no es ilimitado. Muchos sólo son convertibles en materiales que no pueden volver a reciclarse y que tardarán entre 450 y 1000 años en ser biodegradados en un vertedero.

Toda esa “comodidad” tiene un coste. Tiene un coste energético y un coste ecológico. Tiene un coste de agravio social y de injusticia global. Tiene un coste de mala educación que difícilmente se superará con varios cursos de Educación para la ciudadanía, y menos si los que deban promoverlo -políticos, maestros y familiares- no están ellos mismos convencidos porque ahora, además, cautivos del mercado laboral, muchas familias viven de la fabricación de esos envoltorios, y de su distribución, y de su reciclaje.

Tan sólo una de cada tres botellas vendidas en EEUU es reciclada.
El tratamiento y reciclaje de algunos materiales depende del precio del mercado.

Los señores feudales daban (arrojaban) sus restos de comida a los afortunados mendigos que admitían en sus banquetes. Ahora tiramos muchas más cosas además de comida y lo hacemos de forma más sutil. Alejamos a nuestros mendigos hasta los vertederos a las afueras de las ciudades o permitimos que una empresa comercialice nuestros residuos aprovechables.

Los estadounidenses realizan cerca de 400.000 millones de fotocopias al año, unas 750.000 copias por minuto, y con el aluminio que tiran, en tres meses podría reconstruirse toda la flota comercial aérea.

La RAE define despilfarro como “gasto excesivo y superfluo”. Los restos que hoy tiramos a la basura están llenos de carne – si no, no existirían empresas de reciclaje- y eso, evidentemente, es superfluo.

Desde luego, reciclar es muy importante, pero ¿no será mejor reducir la huella ecológica produciendo menos basura? Esta crisis bien puede devolvernos la perspectiva.

Fotos y datos: Good

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6 pensamientos en “EEUU, un mal ejemplo de generación de basura

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  4. Lo lamentable de esto es que los demás países y sobre todo los mas pobres pagamos el precio, del daño que cusan al planeta. Recordemos que EE.UU. y China, son los mayores generadores de de basura y gases contaminantes como el Co2.

  5. Estupendo post, deja la piel de gallina con solo pensar la cantidad de porquería que tiramos a diario en nueswtro planeta

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