Las pirámides de arriba son un claro ejemplo de la política contradictoria de un gobierno. Los subsidios otorgados a la agricultura y las recomendaciones del departamento federal de nutrición, se enfrentan en una relación inversa cuyas consecuencias apuntan a una sociedad cada día más obesa.
Publicada en 2007 por el Physicians Committee for Responsible Medicine (PCRM) en Good Medicine Magazine, salta de nuevo a la actualidad vía Economix Blog @ The New York Times.
El artículo original explicaba entonces las causas de la obesidad nacional:
Las ayudas regulan lo que comen los niños en el colegio y el tipo de comida que se distribuye en los programas asistenciales. Los miles de millones de dólares de las ayudas acaban financiando cultivos intensivos de maíz y soja que sirven para alimentar a los animales. Al invertir en esos cultivos, el gobierno apoya directamente la producción de carne y lácteos, los mismos productos responsables de las altas cifras en obesidad y enfermedades crónicas. Los agricultores de frutas y hortalizas, en cambio, reciben menos del 1% de la ayudas del gobierno.
La entrada en Economix muestra interesantes relaciones respaldadas por gráficas, como ésta de debajo, que describe la relación entre el tiempo dedicado a las comidas (por países) y el porcentaje de obesidad:
El autor del post sigue diciendo:
Un joven de 18 años pesa hoy 6,8 kg más -como promedio- que otro en los años 1970. Los adultos muestran aún más diferencia de peso durante ese periodo. Las mujeres de 60 años hoy pesan 9,7 kg más que en los 70. Los hombres de la misma edad, 11,3 kg.
Vía :: Treehugger


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¡Joder que asco!
No sólo malgastan nuestros impuestos subsidiando indebidamente y causando de paso daños colaterales dificilmente reparables en terceros países, además nos idiotizan también gastronómicamente:
- “¡Te he dicho mil veces que untes con manteca la panceta!” – reprende severamente Hommer a Bart Simpson…
Pues eso. A engullir grasas y proteinas en forma de carner triturada procedentes de animales tratados con antibióticos y anabolizantes, a bloquear las arterias de placas ateromatosas, a padecer Kreufeld-Jakobs y otras patologías que aún no hemos descrito porque nuestra cultura de la avaricia no conoce límites… mientras sea más rentable que comer frutas, verduras, hortalizas, legumbres.
Cuando la factura sanitaria supere el beneficio, impondrán leyes como la anti-tabaco.
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