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| Flavio Ferrari en Flickr |
Se define la “huella ecológica” como “el área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada con un modo de vida específico de forma indefinida“. Es decir, cuál es el impacto sobre la “biocapacidad” del planeta de una forma de vida determinada. (Global Footprint Network)
Convertida casi en una ciencia, se han desarrollado métodos bastante exactos que permiten el cálculo de toda serie de actividades, porque cuantificando éstas en las mismas unidades, es posible realizar análisis y comparaciones muy fiables.
La idea de reducir la huella ecológica mediante la dieta es relativamente novedosa, y puede hacerse mediante el consumo de productos locales, disminuyendo las famosas “food miles” (distancia que recorre la comida desde el productor hasta el consumidor) y reduciendo el consumo total de carne.
Un informe de Brighter Planet arroja algunas sorpresas dignas de mención.
Las emisiones producidas por el consumo de carne son muy superiores a las de cualquier otro alimento.
(En el caso de los estadounidenses, cuyo aporte calórico procede hasta en un 11% de estas carnes, equivalen al 25% de la huella dejada por su dieta.)
En la comparativa entre dietas, queda patente la diferencia. Mientras que la dieta de un carnívoro origina más de tres toneladas de CO2 anuales, la de un vegetariano apenas supera las 2500 y un vegano poco más de dos mil.
Pero si la anterior gráfica no dejaba ninguna duda, la siguiente debería hacernos recapacitar.
Porque esta gráfica muestra claramente que la huella ecológica producida por nuestro vehículo yendo a comprar al supermercado es muy superior a la originada por el transporte original de los alimentos hasta dicho lugar.
“Los beneficios por el consumo de comida producida localmente son relativos, ya que la reducción conseguida es una pequeñez en comparación con la originada por las emisiones de su transporte…”
Conducir hasta la tienda o el restaurante origina muchas más emisiones de gases efecto invernadero. Desde la perspectiva de calentamiento global, debería centrarse más la atención en minimizar el consumo energético originado por ese transporte final hasta nuestra cocina que en perseguir una dieta de productos totalmente locales.
Todo ello, por supuesto, sin negar los beneficiosos aspectos del consumo en la medida de lo posible de productos locales en el espacio y en el tiempo: no sólo cercanos al productor, que sean también de temporada.
Al anterior análisis se une el cálculo del impacto de envases y embalajes, el de almacenamiento, procesado, residuos, etc y llega a una serie de recomendaciones.
Conclusiones:
- consume menos animales y más plantas
- compra alimentos poco empaquetados
- cosecha y cultiva tus propios alimentos
- disminuye los desplazamientos en coche al restaurante o a la tienda
- cocina más en casa y come menos fuera
- utiliza dispositivos y técnicas eficientes para cocinar
- recicla, reutiliza y composta.






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Si comiese solo de lo que hay en mi zona pasaría mucha hambre, y casi todo sería carne.