Cornucopia, la impresora de comida del MIT

Por aquí hablamos mucho sobre comida local, agricultura ecológica, alimentación sostenible,… pero, ¿y cocinar? ¿quién tiene tiempo?. Si eres de los que tardan en responder a esta clase de preguntas, no te preocupes demasiado: en el MIT ya hay gente investigando sobre el tema.

Make nos muestra la propuesta de Marcelo Coelho y Amit Zoran, del Fluid Interfaces Group del MIT, para conducirnos a una cocina mucho más verde, eficiente y libre de desechos: imprimir tu propia comida.

Cornucopia es un diseño conceptual para una fábrica de alimentación personal que combina la versatilidad del mundo digital con el reino de la cocina. En esencia, es una impresora de comida en tres dimensiones, que funciona almacenando, mezclando, disponiendo y cocinando varias capas de ingredientes.

El proceso comienza en una matriz de recipientes de comida, que sirve para refrigerar y almacenar a la vez los ingredientes favoritos del usuario. Estos ingredientes se impulsan a una especie de cabezal que los mezcla con precisión produciendo combinaciones deseadas de los ingredientes. En el momento de la ‘impresión’, las capas de alimento se calientan o enfrían -según el plato elegido- en el interior de una cámara o en los tubos de los cabezales.

Piensa en el impacto que esto podría tener. La comida real se descompone. Tiene pieles. La mitad se desperdicia. La enorme infraestructura en los comercios y almacenes para refrigerar alimentos tampoco sería necesaria. Eso sí sería verde.

Vía :: Treehugger | Fluid Interfaces Group

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10 pensamientos en “Cornucopia, la impresora de comida del MIT

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  3. “… na cocina mucho más verde, eficiente y libre de desechos …” ¿estáis de broma?
    ¿Cambiamos las cáscaras, pieles y demás restos por cartuchos de impresora? ¿eso es mas verde? ¿donde se cosechan esos “fluidos”?

    No digo yo que las cosas no tengan que innovar. Y esta “impresora” tendrá una magnífica salida en el campo militar y espacial, pero no me digas que la van a llevar a África a imprimir un sandwich a los necesitados.

    Donde estuviera un potaje de habas con habichuelas que hacía mi madrina … ahí si que no quedaba resto alguno

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  5. Pues qué quieres que te diga, una cocina sin cuchillos es como un jardín sin flores, además de la de películas que se van a quedar sin hacer. Imagínate a la rubia de las tetas gordas esgrimiendo temblorosa su impresora de comida contra el desconocido intruso, antes de que el pánico haga que la deje caer para correr escaleras arriba…
    Ves, no es lo mismo.

  6. Quizás sea el paso intermedio antes de ese futuro de película en el que, cual cosmonautas, las personas se alimentan con comprimidos o “pomadas” extraídas de tubos parecidos a los de pasta dentífrica.

    Sí, todo muy sano, muy nutritivo, muy higiénico (?), muy equilibrado… pero llamarlo ecológico es una perversión o una deformación. Si algo tienen las economías de subsistencia es que en ellas, valga la redundancia, subsiste lo natural, el ecosistema está equilibrado: nada hay más ecológico que un fuego de leña o de boñigas en el que cocinar lo que unas manos acaban de preparar, sea animal, vegetal o mineral, comida, en todo caso, que no ha sufrido proceso industrial alguno ni, por tanto, ha consumido energía -ni limpia, ni contaminante-.

    Creo que perdemos el norte. ¿Que es práctica y funcional?, vale. Pero ecoloógica, no. De la misma manera que, por definición, no puede ser nunca un coche ecológico – ¡Basta de confusiones! No hay más vehículos ecológicos que las propias piernas o las caballerías, cualquier otra máquina, incluida la bicicleta, tienen poco de ecológico ni en su fabricación ni en su destrucción-

    Al pan, pan.

  7. Pues a mí me gusta la idea. Es bien conocido el paralelismo entre programas de ordenador y recetas de cocina, donde, a partir de unas entradas (o ingredientes), y la ejecución de un algoritmo (o pasos) se obtiene un resultado (plato).
    Ventajas: a las explicadas en la entrada, añade la posibilidad de compartir y reproducir recetas de cocina de manera automática.

  8. Pingback: 10 cambios radicales en nuestra alimentación

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