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| En la ciudad de Pekín hay 1500 coches más cada día |
El transporte define nuestra civilización. Dónde vivimos y trabajamos, la estructura de nuestras ciudades, el flujo del comercio global… todo está determinado por el transporte.
Pero el transporte actual, basado en combustibles fósiles no es sostenible. Aviones de pasajeros, trenes y automóviles emitieron en 2005 cerca de cuatro mil millones de toneladas de dióxido de carbono, aproximadamente el 14% del total emitido ese año. Si seguimos utilizando exclusivamente tecnologías basadas en el petróleo para propulsar estos vehículos, para el año 2050, serán los causantes de emisiones anuales de entre once mil y dieciocho mil millones de toneladas de CO2. Y eso, porque las naciones en desarrollo, en las que vive el 82 % de la población mundial y serán responsables del 98% del crecimiento en los años venideros, están preparándose para una motorización masiva. Los propietarios de automóviles crecen a razón de un 30% anual en los países en desarrollo.
En el otro lado, en el llamado mundo desarrollado, las emisiones de dióxido de carbono debidas al transporte tampoco dejan de crecer. Sólo el transporte de pasajeros en los Estados Unidos de norteamérica (EEUU), por ejemplo, supone el 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Reducir estas emisiones transformando los hábitos de los consumidores americanos, profundamente encastrados en la cultura del automóvil, no será fácil, pero supondría un importante beneficio global.
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