La alimentación insostenible

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Lester Brown acaba de publicar Plan B 3.0: Mobilizing to Save Civilization, en el que dedica un capítulo a analizar la situación que se planteará cuando el sistema alimentario, tan intensamente dependiente de la producción de crudo, empiece a verse seriamente afectado por la carencia de éste.

Tenemos una civilización basada en el consumo de una energía cuya fuente no tardará en escasear. Desde 1981, la cantidad de petróleo extraído supera a la hallada en nuevos yacimientos por un amplio margen. En 20008, el mundo bombeó 31.000 millones de barriles y descubrió menos de nueve mil millones nuevos. Las reservas de crudo están en caída libre y siguen disminuyendo cada año.

Hemos consumido ya la mitad de todo el petróleo que -se cree- existe, unos dos billones de barriles. Pero como hace notar el analista de seguridad Michael Klare, el primer billón de barriles ha sido el petróleo fácil de obtener, el que estaba en la superficie o muy cerca de ésta, concentrado en grandes reservas, sencillo de extraer, seguro y en lugares accesibles. La otra mitad se encuentra enterrado a grandes profundidades en yacimientos dispersos, pequeños y de difícil localización que cuesta mucho de extraer, es arriesgado y se encuentra en lugares peligrosos.

En el Earth Policy Institute han descubierto que la producción máxima de petróleo tiene consecuencias directas para la seguridad de la alimentación, ya que la moderna agricultura depende fuertemente del uso de combustibles fósiles. Muchos tractores usan gasolina o diésel. Las bombas de regadío usan diésel, gas natural o electricidad obtenida del carbón. La producción de fertilizantes es también intesamente dependiente de la energía. La minería, manufacturas y transporte internacional de fosfatos y fertilizantes a base de potasio dependen del petróleo.

Mejorar la eficiencia puede ayudar a reducir la dependencia de la agricultura. En EEUU el uso de gasolina y diésel en las granjas ha descendido de 29 mil millones de litros anuales en 1973 a menos de 16 mil millones, y el combustible por tonelada de grano producido ha decrecido en un 64% entre 1973 y 2005, a lo que ha contribuido un cambio en las prácticas de producción.

Sin embargo, en los países en desarrollo, el consumo sigue aumentando, y no sólo por el aumento de los lugares de producción, sino, fundamentalmente, porque los animales están siendo sustituidos por tractores.

Lester_Brown

Los fertilizantes consumen combustible

En el caso de EEUU suponen un 20 % de la energía consumida por las granjas, y en todo el mundo las cifras son significativamente mayores. A medida que el mundo se urbaniza, la demanda de fertilizantes aumenta. Cuando la gente emigra de las áreas rurales a las ciudades, disminuye el reciclado de nutrientes humanos hacia el suelo. Además, el comercio internacional de alimentos separa productores y consumidores por miles de kilómetros, interrumpiendo el ciclo. EEUU, por ejemplo, exportan 80 millones de toneladas de grano anualmente, grano que contine grandes cantidades de nutrientes, como nitrógeno, fósforo y potasio, lo que supone una pérdida que ha de ser compensada con la aportación de fertilizantes.

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El riego consume combustible

El riego es otro devorador de energía, mayor cuanta menos agua de lluvia haya disponible y a medida que disminuye el nivel de la capa freática. El 19% de la energía consumida por las granjas de EEUU se utiliza para bombear agua para riego. En algunos estados de la India, donde la pluviosidad disminuye, la mitad de la electricidad se usa para extraer agua de los pozos.

Mientras tendencias como la de no arar las tierras hacen a la agricultura menos dependiente del combustible, su consumo aumenta por el uso de fertilizantes, la extensión de la mecanización en las granjas y la disminución de la capa freática.

Aunque se suele centrar la atención en el consumo de energía de las granjas, su gasto total no llega a un 20% del utilizado por todo la cadena del sistema alimentario de EEUU: el transporte, procesamiento, empaquetado, gastos de mercado y preparación final en la cocina, suponen el otro 80%.

El sistema alimentario de EEUU consume tanta energía como toda la que gasta el Reino Unido.

La distribución consume combustible

El 14% de la energía del sistema alimentario se utiliza para mover los alimentos de la granja al consumidor, es decir, dos tercios de la energía usada para producirlo. Y otro 16% del sistema va para enlatar, congelar o deshidratar. Alimentos básicos como el trigo se han transportado desde hace décadas largas distancias por barco desde EEUU hasta Europa, por ejemplo. Pero ahora también se llevan vegetales y frutas frescas que requieren un uso más intensivo de energía, adaptando las condiciones del transporte y agilizando éste, y ambos factores suponen mayor consumo energético.

Tim Lang, profesor de Política alimentaria en la City Unversity de Londres, acuñó el término “food miles” como parámetro de consumo local que incide en la sostenibilidad, y que se define como la distancia que la comida viaja desde el productor hasta el consumidor. Pues bien, la existencia de combustibles baratos ha elevado la “distancia alimentaria”. En los supermercados occidentales no es raro encontrar frutas y verduras que no se corresponden a la temporada, que vienen del otro hemisferio viajando más de cinco mil kilómetros en avión, y el transporte a largas distancias en camiones frigorífico de todo tipo de alimentos perecederos es tan frecuente, que nos parece normal encontrarlos en los mercados.

Empaquetar consume combustible

El empaquetado consume al menos el 7% del sistema. Incluso no es inusual que la energía invertida en el envasado supere a la del propio alimento que contiene.

Empaquetado y técnicas de mercado suponen a menudo no menos del 20% del precio total del producto que compramos. Algún analista ha observado que “una caja vacía de cereales para el desayuno le costaría lo mismo a la tienda que una llena”. Y probablemente no se trata del único caso.

frigorífico

Pero de toda la cadena, el sector que más energía consume es la cocina. La mayor parte se usa para refrigerar y preparar la comida, sobre todo en la primera.

El frigorífico consume mucha más energía que el tractor. Y mientras el petróleo es el combustible dominante en el primer sector de la cadena, el de la producción, la electricidad domina el del consumo final.

En breve, con el aumento del precio de la energía y una reducción en el suministro de los combustibles fósiles, el sistema alimentario moderno, desarrollado con precios más baratos, no sobrevivirá tal y como está estructurado.

Dos consideraciones finales inmediatas:

Es absurdo consumir “productos ecológicos”, salvo que éstos sean de producción local y se hayan transportado a la tienda o desde ésta sin gasto de combustibles no renovables.

En las condiciones actuales, los grandes centros comerciales parecen más caros, energéticamente hablando, que las pequeñas tiendas de barrio. Llenar éstas sólo requiere unos cuantos camiones de reparto, mientras que abastecerse de aquéllos, precisa de miles de vehículos consumiendo.

Vía : treehugger

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3 pensamientos en “La alimentación insostenible

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