
Se produce y aprovecha el etanol desde la antigüedad, y en la actualidad Brasil, que lo viene haciendo desde hace treinta años, consigue dar un considerable pellizco a la factura del petróleo gracias a su obtención a partir de la caña de azúcar.
Pero pretender producirlo a mayor coste neto que el de los combustibles fósiles al uso, causando además una crisis alimentaria, es un “daño colateral” originado por la especulación de financieros sin escrúpulos y mediocres y/o corruptos políticos.
Pero hay otros caminos.
Algenol Biofuels se anuncia capaz de producir comercialmente etanol directamente de algas con un nuevo enfoque que ha llamado la atención y el interés del gigante Dow Chemical, de Midland, Míchigan.

Ambas compañías han dado a conocer su plan para construir una planta en unas diez hectáreas de terreno en Freeport, Tejas, propiedad de Dow Chemical que constará con 3100 biorreactores, cada uno de unos 150 centímetros de diámetro y 15 metros de largo, capaces de almacenar 4000 litros. La meta es producir unos 400.000 litros de etanol anuales.
Los biorreactores están cubiertos con una cúpula semitransparente y llenos de agua salada bombeada desde el océano. Las algas, expuestas a la luz solar y alimentadas con un chorro de dióxido de carbono fabricado por Dow, realizan su fotosíntesis experimentando un crecimiento notablemente.

Existen docenas de compañías en el mercado intentando la producción de biocombustible a partir de algas, pero la mayoría se han centrado en el cultivo de microorganismos de los que extraer los aceites que serán refinados en biodiésel o combustible para aviación. Algenol, sin embargo, selecciona las cianobacterias que genéticamente reúnen las mejores condiciones para convertir la mayor cantidad posible de CO2 en etanol, usando un proceso que no requiere cosechar para recoger el combustible.
Las cianobacterias producen pequeñas cantidades de etanol de manera natural, pero sólo bajo condiciones anaerobias, cuando el alga carece de alimento o está en la oscuridad.
Paul Woods, cofundador y jefe ejecutivo de Algenol, dice que su compañía ha modificado las algas para que puedan producir etanol con luz solar mientras realizan la fotosíntesis, primero convirtiendo el CO2 y el agua en azúcares que estimulan y controlan las enzimas que luego sintetizan el etanol a partir de estos azúcares.

Otra gran diferencia es que no hay que cosechar las algas para extraer el etanol, elimando un paso costoso y complejo. John Coleman, jefe científico de Algenol y profesor de citología y sistemas biológicos en la Universidad de Toronto, dice que el etanol producido en el interior de las algas puede ser filtrado al exterior de cada célula, concentrándose en el espacio vacío de la parte superior de la bóveda del biorreactor, de donde es cosechado.
Dow Chemical está particularmente interesada en el proceso de Algenol porque el etanol puede reemplazar a los combustibles fósiles en la producción de etileno, componente básico para la producción de algunos plásticos, como los que cubren los biorreactores.
Las perspectivas de Dow Chemical son conseguir la producción de etanol a un precio de alrededor de unos 30 céntimos de dólar el litro, lo que unido al hecho de que este combustible proporciona 5’5 veces más energía que la que cuesta su producción, lo hace altamente competitivo con el etanol elaborado a partir de celulosa.
Y aún hay más: ¡cada litro de etanol origina otro de agua desalada!
Algenol se ha asociado también con Mexico’s Sonora Fields, una filial de Biofields, que planea la inversión de 850 millones de dólares para la producción de más de tres mil millones de litros anuales de etanol.
Fuentes: Technology Review y Wikipedia (como siempre)
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Es cierto, como se dice en el artículo, que existen numerosas empresas dedicadas al cultivo de algas para la producción de biocombustibles. Creo recordar una empresa germano-española afincada en Alicante que no hace muchos meses fue dada a conocer a bombo y platillo y a la que el canal autonómico dedicó varios espacios monográficos de muchos, muchos minutos.
La mayoría de esas empresas que van a cambiar el mundo sólo han cambiado de sitio el dinero de algunos inversores incautos, mientras que las que obtienen bioetanol a partir de las fuentes tradicionales (caña de azúcar, maíz, cereales…) se han mostrado rentables, hechos especulativos aparte.
Hablando del tema con un amigo muy optimista (e idealista), me ofrecía la siguiente deslumbrante panorámica:
“Imagina un punto del seco litoral mediterráneo -o de cualquier otro lugar del mundo-. Levantas una planta de obtención de etanol a partir de algas. El agua la consigues en el mar y el CO2 de alguna industria contaminante cercana. Con energía solar, undimotriz o eólica bombeas el agua desalada producida hasta la cabecera de los ríos, utilizando un sistemas de saltos de agua como acumuladores de energía para cuando se necesite y para abastecer poblaciones o incluso para usos agrícolas…”
Y así seguía fantaseando, imaginando un mundo feliz.
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