
Durante siglos, los animales han sido nuestra primera línea de defensa contra las toxinas. Un canario en una mina de carbón nos permitía controlar la existencia gases venenosos.
Los investigadores de la Universidad de Tel Aviv han desarrollado un laboratorio del tamaño de un microchip que puede ser utilizada para medir la calidad del agua.
Para ello utilizan bacterias modificadas genéticamente que se iluminan al entrar en contacto con determinadas sustancias contaminantes.
Este nano laboratorio puede utilizarse en múltiples procesos biológicos incluyendo las investigaciones sobre células madre y sobre el cáncer.
Por otro lado el propio departamento de defensa de los Estados Unidos se encuentra interesado por el proyecto al considerarlo como un arma de defensa contra la guerra biológica.
Vía | Science Daily
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