Una brillante idea

 

Durante décadas se han estudiado biosensores celulares en el laboratorio, ahora, microbiólogos medioambientales de la Universidad de Lausana (Unil), están experimentando con bacterias que, tratadas genéticamente, adquieren un determinado color brillante en respuesta a contaminantes químicos específicos.

Jan van der Meer y su equipo prepararon 3 cepas distintas de bacterias, cada una sensible a una sustancia tóxica de las que están presentes en los vertidos de petróleo. Las bacterias liberan enzimas específicos al entrar en contacto con esos productos. Manipulando el gen de la fluorescencia o la proteína bioluminiscente de la maquinaria celular que produce estos enzimas, crearon un conmutador de luz viviente: cuando el producto químico está presente, la bacteria se ilumina.

Para cada clase de tóxico, van der Meer usa diferentes colores, de manera que puede determinarse fácilmente de qué sustancia se trata.

Estos sensores bacterianos, increíblemente baratos comparados con los métodos químicos que requieren tiempo y en ocasiones complejos procesos, pueden ser utilizados para monitorizaciones rutinarias. “El hecho de que el sensor sea la propia bacteria dota al método de una enorme simplicidad. Se trata, además de una entidad capaz de reproducirse y, por tanto, de utilizarse en miles de pruebas”

Con todo, sólo un riguroso análisis químico puede determinar exactamente las cantidades de cada sustancia presente. La bondad de este método está en la rapidez con que identifica la contaminación y las áreas a las que se extiende.

Podrían incorporarse las bacterias a boyas, monitorizando continuamente el agua en busca de vertidos. El grupo está desarrollando sistemas que mantengan una constante población de bacterias sensibles que comprueben el agua. Pero el camino no será fácil, porque, por ejemplo, que no haya bioluminiscencia no significa necesariamente que no haya contaminación, puede deberse a que la bacteria ha muerto y se ha roto el sistema…

Y aunque el futuro de estos biosensores parece más ligado al medio acuático, además de la detección de vertidos, el grupo de van der Meer ha desarrollado y probado cepas bacterianas que detectan arsénico en el arroz. Otras aplicaciones potenciales incluyen pruebas de contaminación del suelo y subsuelo, y de antibióticos en la carne y en la leche.

Vía :: Technology Review
Universidad de Lausana (Unil)

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