
Jeffrey D. Sachs, director de The Earth Institute, publicaba recientemente un artículo con el título de “La reinvención de la energía” que es un buen documento para guiar las políticas públicas en el fomento de las nuevas fuentes de energía.
Sachs cree que una economía global tan vapuleada por el aumento de los precios energéticos debería perseguir tres objetivos:
- alternativas baratas a los combustibles fósiles,
- mayor ahorro de energía y
- reducción de las emisiones de dióxido de carbono.
En cuanto al primer punto; la tecnología de generación energética más prometedora a largo plazo es la
energía solar.
La radiación solar total que llega al planeta es aproximadamente 1.000 veces superior al uso energético comercial del mundo. Esto significa que incluso una pequeña parte de la superficie terrestre del planeta, sobre todo las regiones desérticas, que reciben una enorme radiación solar, puede proporcionar grandes cantidades de electricidad para buena parte del resto del mundo.
Por ejemplo, unas centrales solares instaladas en el desierto del Mohave estadounidense podrían cubrir más de la mitad de las necesidades eléctricas del país. Unas centrales solares instaladas en el norte de África podrían suministrar energía a Europa Occidental. Y unas centrales solares instaladas en el Sahel africano, podrían aportar energía para buena parte de África Occidental, Oriental y Central.
En el tema del ahorro de energía, Sachs destaca la tecnología híbrida conectable a la red para automóviles, capaz de triplicar el ahorro de combustible en los nuevos coches en la próxima década.
Y, en cuanto a la reducción de emisiones de CO2, apuesta por la tecnología de “captura y secuestro del carbono”, o CSC.
Por último Sachs, incide en un punto clave, los gobiernos deberían estar haciendo grandes inversiones en la ciencia y en los elevados costes de las primeras fases de prueba de estas tecnologías prometedoras.
Sin una financiación pública, al menos parcial, la aplicación de estas nuevas tecnologías será lenta y desigual. De hecho, la mayoría de las principales tecnologías que ahora se dan por sentadas -aviones, ordenadores, Internet y las nuevas medicinas, por nombrar sólo unas cuantas- recibieron una crucial financiación pública en las primeras fases de desarrollo y aplicación.
Y da algunos números que avalan esta falta de inversión pública:
Según el Organismo Internacional para la Energía, en 2006 el Gobierno estadounidense dedicó sólo 2.000 millones de euros anuales a la investigación y el desarrollo energéticos. En dólares ajustados a la inflación, esto representa un descenso del 40% respecto a los primeros años de la década de 1980, y ahora equivale a lo que Estados Unidos gasta en su Ejército en sólo día y medio.
La financiación pública estadounidense para tecnologías de energías renovables (solar, eólica, geotérmica, oceánica y bioenergía) ascendió a 152 millones de euros, lo que equivale a sólo tres horas del gasto en Defensa.
El gasto en captura y secuestro del carbono fue de sólo 47 millones de euros, mientras que el gasto en ahorro energético de todo tipo (edificios, transporte e industria) fue de 224 millones de euros.
Como conclusión Sachs dice que desarrollar nuevas tecnologías energéticas exige una cooperación mundial, tanto para aumentar la oferta como para garantizar que el uso de la energía sea seguro para el medioambiente. En definitiva podemos decir que la reinvención de la energía es un desafío global.
Fuente: Jeffry Sachs (elpais.es)