
En este tercer post de la saga Biomasa doméstica abordaremos las calderas, elemento principal para obtener el óptimo rendimiento del sistema.
En el mercado existen muchas marcas y modelos de calderas. Las podríamos dividir o agrupar por potencia en función de los kW que puedan desarrollar, por tipo de combustible si usan exclusivamente pellets o pueden utilizar además: astillas, cascara de almendra, orujo de aceituna, etc. Pero consideramos que la forma principal de clasificar las calderas es basándonos en su tipo de alimentación, según el cual tenemos dos tipos de calderas: Las que utilizan un deposito exterior o silo donde se acumulan los pellets (la materia combustible en general) que puede utilizar la vivienda durante 5 y 6 meses, y aquellas que acumulan los pellets en algún pequeño depósito o recipiente dentro de la misma caldera o a su lado, por lo general son calderas de baja potencia y se pueden dividir también en caldera si al quemar calientan algún circuito hidráulico o en estufas si su aportación es en forma de aire caliente.
El combustible (pellets) lo mantenemos almacenado en un depósito o silo contiguo o cercano a la caldera. A través de un alimentador de tornillo sin fin flexible, o con un sistema neumático, se hace llegar el pellets a la caldera. El dimensionamiento del silo estará en función de las necesidades calóricas de la vivienda. Por ejemplo un silo de 10 m3 confiere unas 1.500 horas de autonomía a la máxima potencia a una caldera de 20 kW. El silo debe ser un lugar seco, sin humedades, puede estar en superficie o soterrado, pero no más allá de 25-30 metros de la caldera.
El encendido de la caldera es automático y muy rápido, gracias a una resistencia eléctrica. En los sistemas más desarrollados el flujo del combustible y la regulación del comburente se realizan de forma automática mediante un microprocesador. El calor desarrollado en este proceso se utiliza para calentar unas tuberías, las cuales a su vez transferirán este calor al sistema de calefacción de la vivienda y al de ACS. Las características de sencillez de empleo y automatización confieren a los sistemas de calefacción de pellets un elevado nivel de confort.
Estas calderas vienen implementadas con un sistema automático de limpieza, el cual va vertiendo las cenizas en un cenicero, que habrá que vaciar de dos a tres veces durante la temporada de invierno. No obstante es necesario la limpieza de la caldera una vez al año, limpiando: quemador, cámara de combustión, y tubo de salida de gases, eliminando las cenizas adheridas. Los fabricantes recomiendan que esta labor la efectúe personal autorizado y calificado.
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