
Fotografía por iperseo
Hace años que se rastrea en la miel de las abejas la presencia de contaminantes, lo que permite trazar mapas de polución en las áreas de libación de estos insectos imprescindibles para la vida.
Ahora, la ciudad española de Córdoba y la empresa de biotecnología Apoidea han puesto en marcha un proyecto piloto para que las abejas actúen como ‘bioindicadores’, analizando el polen recolectado y las muestras de metales pesados del aire ‘pegadas’ a los pelillos de su cuerpo. Las ventajas de utilizar a las abejas en esta tarea es que dan una información más completa y real de cómo la contaminación afecta a los seres vivos en su ciclo de vida, desarrollo y reproducción, cosa que no ocurre con los parámetros físico-químicos. Y, además, sus características morfológicas y biológicas unidas a su comportamiento, convierten a la abeja en una especie “recogedora de muestras”. Ningún sistema biológico conocido garantiza un muestreo tan extenso, uniforme y fiable.
Para el proyecto piloto, que necesita validar su metodología para que pueda tener una mayor implantación, se han instalado cinco estaciones de monitoreo, cada una con cuarenta mil abejas, de las que diez mil salen diariamente en busca de polen y néctar. Cada estación de monitoreo se compone de dos colmenas que abarcan áreas de siete kilómetros, con lo que se cubre todo el territorio de la ciudad andaluza. Para muestrear los metales pesados se recogen abejas vivas y polen cada 15 días y de néctar una vez al mes, que son congeladas para su envío y posterior análisis a la Universidad de Bolonia (Italia).
Los datos obtenidos se vuelcan en un sistema de información geográfica que elabora mapas con las sustancias contaminantes presentes en cada área de la ciudad y de daños medioambientales ocasionados por los contaminantes más comunes con el objetivo de paliar sus efectos y adoptar medidas preventivas. O conocer la biodiversidad y el estado de conservación o regeneración de diferentes áreas geográficas y espacios naturales.
El coste de este sistema es inferior a los actuales sistemas de medición de la contaminación, como se indica desde la propia empresa la instalación de una estación de indicadores físico-químicos, de las que existen dos en Córdoba, cuesta unos 120.000 euros, mientras que el proyecto de Apoidea, que contempla cuatro estaciones, no supera los 40.000 euros y cubrirá 28 kilómetros cuadrados en total. Aunque por ahora la empresa solo mide metales pesados y pesticidas, en el futuro se prevé la monitarización de otros contaminantes como el dióxido de azufre, e incluso isótopos radiactivos o explosivos.
Fuentes:
apoidea
andaluciainvestiga.com
huelvainformacion.es
terra.es