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La Semana sin basura pretende llamar la atención sobre la excesiva producción de ésta en nuestra sociedad. No podemos dejar de producir residuos, pero sí trazarnos metas cercanas y alcanzables en esa dirección.
Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero. Pequeñas contribuciones multiplicadas por miles de contribuyentes originan enormes resultados.
Acaba la Semana sin basura, pero nuestra contribución no puede tener fin. Todos tenemos un espacio de influencia en el que seguir insistiendo: entre los amigos, los compañeros de trabajo, los vecinos, los hijos, la universidad, el colegio, las autoridades municipales y estatales, los partidos políticos y las asociaciones…
Multitud de colegios de Iberoamérica, por ejemplo, llevan años realizando recogida selectiva de residuos y experimentando con la producción de compost. Y puede ampliarse este ámbito casi indefinidamente, porque la cultura del Homo sapiens produce residuos en prácticamente todas sus expresiones.
El colegio es el lugar idóneo para educar los hábitos convenciendo con hechos: reciclando y aprendiendo, estimulando la curiosidad y la participación: ¿cuánto cuesta contaminar?, ¿qué camino sigue la fabricación de los distintos materiales: papel, plástico, productos orgánicos, telas, maderas, metales?, ¿y su degradación? ¿cuánto cuesta limpiar el agua?… Los políticos son especialmente sensibles a las opiniones de los menores, y más si están escritas con copia al periódico local, por ejemplo.
Seguro que al menos durante los próximos días cada vez que hagas el gesto de arrojar algo a la basura notarás una sensación distinta. Eso es que la Semana ha logrado su objetivo y tú está en el camino de lograr los tuyos, los nuestros.